
Muchos son los que dicen que no tienen miedo a la muerte, que en lugar de fin es el principio y que ese momento supone el encuentro con la Luz.
Pero, ¿cuánto duele la muerte cuando tiene nombre, cuando conocemos al portador de ese nombre?
Se nos ha ido Saramago mientras vivía donde quería estar, entre lava y de océano rodeado.
Su vida de compromiso fue una conciencia viva y su ejemplo una razón para seguir adelante.
No estará entre nosotros cuando el cambio se consuma, él, que tanto ha colaborado en que se produjese.
Su marcha llegó cuando tantos estamos disfrutando de su libro "Caín" y esperábamos su siguiente obra.
¡Cuántas causas se han quedado huérfanas de su presencia, de su palabra, de su clamor!
Quienes quedamos te recordamos y recogemos el fruto de una vida tan intensa de pasión y vida.
Hasta siempre.



